Idioma

martes, 18 de septiembre de 2018

La nueva educación

Estoy en pleno proceso de aprendizaje de la labor docente. Hace meses que adquirí un libro de César Bona "La Nueva Educación". Está orientado a los maestros, en mi caso mis alumnos son personas adultas pero creo que muchas de las cosas que dice las podemos aplicar, todo un reto para mi.
Me ha gustado mucho su experimento que hizo en uno de los colegios en los que ha trabajado. En él propuso a sus alumnos que deconstruyeran palabras que fueron seleccionadas por él, dándoles otro significado al habitual y que si no las conocían que escribieran lo que se les viniera a la cabeza. En el libro ha incluido las imágenes de algunas fichas y os las transcribo. Demuestra,tal como César escribe "que esas mentes pequeñas escondían máquinas de crear, de desmenuzar lo que ven y fabricar magia donde nadie la ve. Es ver lo grande en las pequeñas cosas, adoptar otra visión a la habitual saltándose todas las reglas que nos someten para enfrentarnos al mundo con una sencillez que nunca deberíamos perder"

Marquesina: La hija de un marqués y una marquesa
Ejemplo: Yo me enamoré de la marquesina

Defecar: Es un coche inglés que está defectuoso
Me compré un defecar por 1347

Demorar: Cuando un árbol que tiene moras se le caen y luego las cogen
Ese árbol se ha demorado competamente

Utopía: Autovía de medio carril
Para ir a Barcelona hay que ir por la utopía

Denigrante: Emigrante que viene de la ciudad de Denia
Ese denigrante ha venido a Madrid

Fantoche: Mezcla de Fanta de naranja con Ponche
Me tomé un fantoche buenísimo

Pionero: Es un prisionero que pía para escapar de la cárcel
El pionero no pudo escapar

Plafón: Planta que regala Vodafone
Me cambié a Vodafone y me regalaron un plafón

Tanga: Utensilio que se usa para ser más sexy
Mi prima usa tanga

Crepúsculo: Músculo que cree en dion
El cuádricep es crepúsculo

Directriz: Es un director que trabaja de actriz
Un amigo mío es directriz

Filólogo: La típica persona que se dedica a hacer logos en rosa y azul
Mi vecina es filóloga

Hedor: Calor por dentro del cuerpo
Tengo hedor de estrómago

Culturismo: Persona de un país que tiene otra cultura
Su hermano tiene un culturismo diferente

Hay palabras que sería todo un reto deconstruir, por ejemplo divergente



jueves, 30 de agosto de 2018

Frase de final de agosto


Las ventajas de la pobreza

Hoy soy libre, pero no lo debo a mí mismo, sino al espectáculo que ha convocado a todos los inoportunos al juego de pelota. Nadie irrumpirá en mi casa, nadie me distraerá de mis pensamientos; y ello los hace más sólidos y atrevidos. No oigo llamar con tanta frecuencia a mi puerta, no hay necesidad de levantar la cortina; puedo caminar solo, como el que marcha sin guía por el sendero que se ha trazado. ¿No sigo a los que pasaron primero? Sí, pero me permito añadir algo mío, cambiar y dejar lo que creo conveniente. Acepto sus opiniones, pero no soy esclavo de ellas. Pero he dicho mucho, cuando me proponía un día de silencio y soledad.
Hasta aquí llega el griterío del estadio; sin embargo, no arrastra mi espíritu, sino que le obliga a reflexionar que hay muchos que ejercitan el cuerpo y pocos que ejercitan la mente; que se corre tumultuosamente a los espectáculos, en los que no hay seguridad ni provecho, mientras permanecen desiertas y abandonadas las escuelas, donde se enseñan la virtud y las buenas costumbres; y que el alma de esas gentes, cuyos brazos y hombros se admiran, no están en armonía con las fuerzas de su alma. Además, pienso para mí que si el ejercicio puede reducir al cuerpo a sufrir los puñetazos y coces de
los contrincantes y a pasar un día entero al sol, cubierto de sangre y de polvo, más fácil es fortalecer el espíritu de manera que sufra los reveses de la fortuna sin temblar y que, viéndose abatido y hollado, conserve energía para levantarse. El cuerpo necesita muchas cosas para fortalecerse, pero el espíritu es robustece, se alimenta y se ejercita a sí mismo. Es necesario que el cuerpo coma y beba mucho, que se frote con aceite, que se ejercite continuamente; pero la virtud se adquiere sin hacer ningún gasto. Así pues, tienes en ti mismo cuanto puede hacerte virtuoso. ¿Qué necesitas para conseguirlo? Solamente querer serlo.
Pues, ¿qué cosa mejor puedes desear que liberarte de la esclavitud, que es insoportable a todo el mundo y de la que hasta los esclavos más desgraciados, nacidos en tan miserable condición, tratan de librarse por todos los medios posibles? Para ello dan todo cuanto han economizado a fuerza de privaciones. ¿No querrás, pues, adquirir la libertad a cualquier precio cuando crees haber nacido libre? ¿Por qué miras el arca? La libertad no se puede comprar, y en vano se empela esa palabra en los contratos, porque los que la venden no la tienen y, por consiguiente, tampoco los que la compran. Tú mismo tienes que dártela; tienes que pedírtela a ti mismo. Comienza por desprenderte del temor a la muerte, que es el primer yugo que se nos impone; deshazte en seguida del temor a la pobreza, y para comprender que no es un mal, compara el semblante del pobre y del rico: verás que el primero ríe con más frecuencia y con mayor franqueza; no tiene preocupaciones en el corazón y, si le alcanza algún pesar, pasa pronto como una ligera nube. Pero los llamados felices solo tienen una alegría aparente o una profunda tristeza, que se revela en medio de los placeres y que es tanto más desagradable cuanto que están obligados, con sobrada frecuencia, a mantenerla oculta y aparentar satisfacción, mientras sufren mil contrariedades que les roen el corazón.
No podría representar mejor los diversos estados de la vida humana y los desairados papeles que representamos en ella, que con esta comparación que empleo con frecuencia: he aquí el cómico que, marchando con altivez por la escena y mirando al cielo, dice: "Soy el caudillo de Argos, Penélope me concedió todo el reino que rodean los mares, desde Helesponto al istmo de Corinto", pero no es más que un siervo que recibe cinco medidas de grano y cinco denarios. Y aquel otro que, tan soberbio y altanero, exclamaba: "¡Detente, Menelao, o caerás bajo mi diestra!" es un desgraciado que recibe un salario y duerme en un desván. Lo mismo puedes decir de esos hombres refinados que pasan en carrozas y literas sobre la cabeza de los demás hombres: su felicidad es fingida, despójales de sus adornos y te burlarás de ellos.

Cuando quieres comprar un caballo mandas quitarle la silla; haces desnudar al esclavo para ver si tiene defectos, ¿y quieres juzgar al hombre ostentosamente vestido? Algunos mercaderes de esclavos acostumbran a ocultar en ellos todo lo que pueda herir a la vista, por lo que los compradores desconfían de los adornos; ¿no es verdad que si vieses una pierna o un brazo vendados mandarías quitarles la venda y querrías ver al descubierto su cuerpo? ¿Ves ese rey de los escitas o de los sármatas que lleva la diadema en la frente? Si quieres conocerle bien y saber su verdadero precio, despójale de esa venda y encontrarás debajo muchos vicios. Pero, ¿para qué hablar de los demás? Si quieres apreciarte tú mismo, prescinde de tu dinero, de tus casas y de tu rango, y acto seguido mírate por dentro: no te conformes con lo que digan de ti los demás.
Séneca 

martes, 28 de agosto de 2018

El grito

A veces me sorprendo levantando la voz y realmente no me gusta. Imagino que a nadie le gusta gritar, es un recurso para llamar la atención que solamente debería ser usado en caso de extrema necesidad (salvar la vida, advertir de un riesgo inminente, desahogo, etc.)
Lo que observo es que todos los adultos lo utilizamos para dirigirnos a los pequeños. No solamente en casa, en las aulas de los colegios también. 
Hoy la abuela ha gritado un "¡¡¡¡¡NOOOOOO!!!!!!!" que me ha hecho saltar, me ha sobresaltado de tal manera que he salido corriendo a ver qué ocurría. Se trataba de que el niño se estaba limpiando la boca con un objeto indebido. A la pregunta que a qué ese grito, la respuesta ha sido más que esclarecedora: "para no pegarle un sopapo". Luego quiere decir que el grito es un recurso para evitar la llamada "violencia física" sobre el niño, esa que cuando yo era la niña sí que ejerció en más de una y dos ocasiones. 
Indagando sobre el tema he encontrado alguna ayuda que nos da unas buenas razones para dejar de gritar:

  1. Gritar convierte a los niños en sordos
Cualquier explicación o aprendizaje que queramos darles con el grito será inútil, porque los oídos de nuestros hijos se cierran automáticamente después de oírlo. Después de una interacción negativa nadie está dispuesto a escuchar con verdadera atención y con ganas de aprender y mejorar, eso solo se consigue con interacciones positivas. Si queremos hacer mejores a nuestros hijos, no lo conseguiremos a gritos.
  1. Gritar no ayuda a gestionar las emociones
    Gritar asusta a nuestros hijos
    Gritar los aleja
    A más gritos, menos autoestima
Nosotros somos un ejemplo de comportamiento de nuestros hijos.Cuando perdemos el control y gritamos, lo que les enseñamos es a gestionar la ira y la rabia con agresividad. Conseguiremos unos adolescentes llenos de rabia que gritan y pierden el control delante de la explosión de emociones que se tiene en esa etapa evolutiva. Si nosotros ayudamos a nuestros hijos a gestionarlo de otra manera, con autocontrol, con calma, hablando abiertamente de las emociones en casa, ellos aprenderán a dar respuestas más adecuadas a la ira y a la rabia. Si oyes gritos aprendes a gritar.
Ellos sienten miedo al principio y después rabia e impotencia. ¿Es miedo lo que queremos que sientan nuestros hijos? Seguro que no, nuestra intención cuando gritamos es que obedezcan, que aprendan, que hagan lo correcto, que nos respeten, etc… pero no queremos provocarles miedo. Por lo tanto, con nuestra actitud no conseguimos el efecto que queremos: el respeto se gana respetando, la obediencia se gana con paciencia, los aprendizajes requieren un tiempo y un esfuerzo y que hagan lo correcto dependerá en gran medida de nuestro propio comportamiento.
Cada vez que les gritamos, ponemos una piedra de un muro que nos separa. Perdemos autoridad positiva, perdemos respeto, perdemos comunicación, ganamos distancia, ganamos frialdad en las relaciones, ganamos más gritos y ganamos malestar emocional.
Educar a gritos tiene un efecto nefasto sobre la autoestima de nuestros hijos. Lejos de sentir que estamos orgullosos de sus logros y sus esfuerzos, lo que sienten es que nunca están a la altura, hagan lo que hagan, siempre aparecen los gritos y borran cualquier sentimiento de haber hecho algo bien.
Me propongo no volver a gritar a los niños...al fin y al cabo son niños y es difícil captar su atención para según que cosas y las que les son impuestas pues cuesta más, es un desafío.