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jueves, 14 de junio de 2018

A propósito de...lo anterior


El idiota

Un idiota encontró un día una cola de carnero. Todas las mañanas la utilizaba para engrasarse el bigote. Después iba a casa de sus amigos y les decía que volvía de una recepción en la que habían festejado y habían comido platos muy suculentos. Su vientre vacío maldecía su bigote, reluciente de grasa.
¡Oh, pobre! ¡Si no fueses tan embustero, quizá te invitaría a comer un hombre generoso!
Un día, mientras en estómago de nuestro idiota se quejaba ante Dios, un gato le robó la cola de carnero. El hijo del idiota intentó capturar al animal, pero en vano. Por temor a que su padre le regañara, se puso a llorar. Después, fue corriendo al lugar en el que su padre se reunía con sus amigos. Llegó en el mismo instante en que su padre contaba a los demás su imaginaria comida de la víspera. Le dijo:
"¡Papá! El gato se ha llevado la cola de carnero con la que te engrasas el bigote todas las mañanas. He intentado perseguirlo, pero no he logrado atraparlo!"
Ante estas palabras, todos sus amigos se echaron a reír y lo invitaron a una comida, muy real esta vez. Y así, nuestro hombre, abandonando sus pretensiones, conoció el placer de ser sincero.


Este cuento es de una colección de cuentos sufíes extraídos del Matnawi, obra esencial de Rumi, fundador de la orden de los derveches giróvaros, poeta, místico y sabio del siglo XIII 

lunes, 28 de mayo de 2018

Un Buda de nariz negra


Una monja que buscaba iluminación hizo una estatua de Buda y la recubrió con pan de oro. Adondequiera que iba llevaba aquella estatua dorada de Buda consigo.
Transcurridos los años y, todavía con su Buda a cuestas, la monja fue a vivir a un pequeño templo en una región donde había muchos Budas, cada uno con su santuario particular.
La monja deseaba quemar incienso ante el Buda dorado. Como no le gustaba la idea de que el perfume alcanzara a las otras imágenes, ideó un embudo a través del cual el humo ascendería tan sólo a su estatua. Esto ennegreció la nariz del Buda dorado, dándole un aspecto especialmente feo.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Skye Blue Café Wall Illusion


LA IMBECILIDAD HUMANA

"...La imbecilidad no está tranquila jamás, teme de arriba y de abajo, la combaten los dos flancos, ve peligros delante y detrás, tiembla en toda ocasión, siempre está sin defensa y hasta tiene miedo del socorro. Pero el sabio está preparado para todos los ataques, y cuando la pobreza, la pérdida de sus deudos, el desprecio y el dolor le ataquen, no retrocederá; al contrario, avanzará sin temor y combatirá gallardamente en medio de sus desgracias. Muchas cosas nos atan, muchas nos debilitan, mucho tiempo hemos permanecido en el vicio; es difícil limpiarnos, porque, más que manchados, estamos infectados..."

Escultura de Séneca situada junto a la Puerta de Almodóvar en Córdoba, su ciudad natal
..."Ahora te mostraré cómo puedes reconocer que no eres sabio. Es sabio aquel que, lleno de gozo, tranquilo y seguro, vive como los dioses. Ahora examínate: si nunca te domina la tristeza ni te inquietan las esperanzas, si tu alma se encuentra día y noche en el mismo estado, elevada y satisfecha de sí misma, entonces has llegado al grado más alto de la felicidad humana. Mas si buscas los placeres por doquier, ten seguro que estás tan lejos de la sabiduría como del regocijo. Deseas intensamente conseguirlo, pero no creas que puedes alcanzarlo en compañía de las riquezas: lo buscas entre los honores, es decir, entre las preocupaciones; y lo que deseas para obtener satisfacción suele ser la causa de los disgustos. Todos pretenden el regocijo, pero ninguno sabe de dónde ha de obtener el que es permanente y sólido. Uno cree encontrarlo en el lujo y los festines, otro en la ambición y en la multitud de clientes que le siguen; este en el amante; aquel en la ostentación de sus conocimientos literarios que de nada le curan. Todos estos placeres fugaces y engañosos producen un efecto de embriaguez, que trueca la alegría de un momento en pesar que dura mucho tiempo; o bien el del aplauso y favor populares, que se conquistan con mucho trabajo y después se pagan con muchos pesares..."

Extracto de la carta a Lucilio LIX recogida en el libro "Sobre la amistad, la vida y la muerte" de Editorial Edaf.